¡Ah! condenado sentimiento - aunque siempre te he percibido más como una sensación - qué desagradable sentirte. Nublas el juicio mientras aprietas con rabia la boca del estómago. Intranquila ansiedad que tiendes a desestabilizar hasta al más lógico de los hombres. Tus razones van en contra de la razón. Abusas del intelecto con tus ideas destructivas, incomodas al perezoso, atentas contra su comodidad. Engendras un estado de alarma, pero no de miedo, así evitas la inacción. Pocos se movilizan tanto como los ansiosos que se dejan consumir por ti- impulsivos, intentan actuar para recuperar su paz, pero solo terminan concediendote el control. Sola eres acción sin rumbo, quien te sigue sin cuestionarte resulta corriendo a ciegas.
Qué desagradable sentirte, nublas el juicio mientras aprietas con rabia la boca del estómago. Te has manifestado en toda una generación en las ciudades, tienes tantos medios para desencadenarte en este ritmo desenfrenado en el que se mueve ahora el mundo de los instantes, de las historias de 24 horas, de las palabras concisas, de las respuestas inmediatas. Eres amiga del afán, de la impaciencia, cómo no te vas a desenvolver con habilidad en esta sociedad orientada a resultados, del más en menos tiempo. A lo mejor la pésima percepción que tienen de ti no es tu culpa. A lo mejor eres otra víctima del desenfreno del sistema, has sido tildada de enemiga, donde te presentas te acusan de los desastres. ¡Te acusan injustamente y no ven tu capacidad de acción! Que beneficiosa es tu enemistad con la pereza, pero que perjudicial es tu asociación con la impaciencia. ¡Que el sistema no te fuerce a relacionarte con malas compañías!
Qué desagradable sentirte cuando aprietas con rabia la boca del estómago, que impertinente te presentas frente al conformismo, que osada es tu resistencia a lo estático... ¡Qué conveniente inconveniencia! No hay trasformación que empiece sin ti: asóciate más con la creatividad, con la empatía, relaciónate con el sentido de justicia - aunque sea un tipo difícil que a veces no sabe lo que quiere . ¡Que el sistema no te fuerce a relacionarte con malas compañías! Tienes una increíble ventaja sobre el terror, mientras él paraliza, tú movilizas; que bonita es tu capacidad para incentivar la acción. No obstante, no se debe desconocer que eres pésima consejera, quien te sigue sin cuestionarte resulta corriendo a ciegas. No escucharte es un error, que desafortunado es aquel que, aún sintiéndote, se niega a tomar medidas; pero, tal vez, igual o peor de desventurado es quien se deja consumir por el intenso malestar que generas.
Hoy, querida angustia, siento la necesidad de redimirme contigo, de pedirte disculpas. Debo confesarte que me he dejado llevar por la mala imagen que te han hecho tener. No te he escuchado, te he dado la espalda y he huido de tu inoportuna incomodidad. No fue sino hasta hace poco que descubrí que he sido injusto contigo y que siempre has estado presente en mis decisiones cruciales. Qué desagradable sentirte cuando aprietas con ira la boca del estómago, pero de no ser por esa indeseable sensación, permanecería inmutable, incapaz de escapar al conformismo o a la resignación.
Has sido el punto de partida de aquellos momentos en que he tomado, mal o bien, las riendas de mi existencia desbocada para guiarla hacia alguna dirección - no sé si el camino que estoy trazando con mis decisiones resulte en el abismo, pero prefiero dirigirme hacia el vacío decidido, que caer en él por accidente por divagar sin rumbo. No tenemos por qué rivalizar más, no somos enemigos. Eso no quiere decir que debamos ser cercanos, no nos conviene compartir tan seguido. Pero podemos encontrarnos amistosamente cada tanto para crear. Reconocí que no eres destructiva, que eres una increíble aliada, me recuerdas la vida, me interpelas. Te invito a darnos la mano y combatir al enemigo que tenemos en común, a ese que ha desprestigiado tu nombre y ha abusado de ti, a ese que sigue intentando imponer su ritmo desenfrenado y que ha ultrajado a otros tantos sentimientos.
Te invito, querida ansiedad...
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