Tengo sueño, estoy cansado y la estoy pasando mal. Debí quedarme en el hotel, dentro de las cobijas. En mi habitación la ansiedad pasa bajo la calma, aquí toca aguantarla bajo esta música alta, esta cerveza amarga y este miserable aire acondicionado que congela pingüinos. En qué momento se me ocurrió que salir era la mejor forma de calmar la cabeza. ¡Ah! Terrible error, si algo lo que ha hecho es intensificar la ansiedad. La soledad en un bar medio vacío, en una ciudad que vive y respira fiesta, es mucho peor que la soledad de la sábana. Al menos en la cama no me siento juzgado ni me obligan a pagar alcohol para poder permanecer. Hay algo de película gringa en entrar a la barra de un bar solo y pedir un trago. Esa, la historia del sujeto deprimido que necesita olvidar sus penas. Yo no tengo penas, solo ansiedad. Ni siquiera quiero tomar, me he tomado esta cerveza lo más lento posible para que no me echen. Ni siquiera quería entrar a este bar, estaba en otro del que me sacaron porque ce...
Hay una sombra que tengo por dentro. Es una sombra que tiene garras y colmillos, las tiene para protegerme, pero cada vez que las muestra me rasga las entrañas. Se despliega cuando me siento pequeño, aparece cuando me siento incapaz: "si no te sientes suficiente, vamos a hacer insuficiente a los demás". Habla pestes, encuentra grietas y fallos en los demás, lanzo veneno para reducir a mis adversarios, no para dañarlos, para igualarlos, el gusano que critica a la mariposa por no arrastrarse con habilidad. "La mariposa vuela porque no puede arrastrarse". El problema es que el veneno corroe mientras sale del cuerpo. La sombra me captura, me vuelve fiera, me vuelve miedo, me vuelve rabia. No tiene mala intención, pero destruye más de lo que construye. La sombra acciona desde lo que no tengo o no soy, para ver lo que no tienen o no son los demás. Pero soy tanto que la sombra no ve: si la sombra supiera todo lo que tiene que opacar en mí, para opacar a los demás a lo me...