Tengo sueño, estoy cansado y la estoy pasando mal. Debí quedarme en el hotel, dentro de las cobijas. En mi habitación la ansiedad pasa bajo la calma, aquí toca aguantarla bajo esta música alta, esta cerveza amarga y este miserable aire acondicionado que congela pingüinos.
En qué momento se me ocurrió que salir era la mejor forma de calmar la cabeza. ¡Ah! Terrible error, si algo lo que ha hecho es intensificar la ansiedad. La soledad en un bar medio vacío, en una ciudad que vive y respira fiesta, es mucho peor que la soledad de la sábana. Al menos en la cama no me siento juzgado ni me obligan a pagar alcohol para poder permanecer.
Hay algo de película gringa en entrar a la barra de un bar solo y pedir un trago. Esa, la historia del sujeto deprimido que necesita olvidar sus penas. Yo no tengo penas, solo ansiedad. Ni siquiera quiero tomar, me he tomado esta cerveza lo más lento posible para que no me echen. Ni siquiera quería entrar a este bar, estaba en otro del que me sacaron porque cerraron. Ok, si quería entrar, era bar de Rock con música en vivo. Pero no hay música en vivo y Maluma no es Rock.
Salí del bar, bueno para ser más preciso, me echaron...Bueno, cerraron, todo lo cierran temprano. Según los constantes ofrecimientos que me han hecho en este lugar, me quedan tres opciones: rumba, drogas y tristemente, prostitución... Por supuesto, ninguna es opción. Esta ciudad se convirtió en exotismo y sexo para el gringo arrecho. No quiero hacer juicios morales, no hacía las trabajadoras, sí hacia esos gorilas que vienen a nuestro país a perpetuar el narcotráfico y la trata de personas.
Gorilas machos (y una que otra hembra) que van por nuestras tierras exhibiendo su blanca espalda, sus camisetas finas y su manicure hecho sobre manos que devengan en dólares. Bueno no todos son así, los hay en hippie con American Express, en jubilado dando vueltas por el mundo y en "me enamoré de una latina y por eso estoy aquí". La ciudad que antaño sacaba sus invasores a cañonazos, hoy saca a sus propios habitantes para darle paso al turista extranjero, sabiendo a conciencia que no viene con las mejores intenciones.
Pero me desvíe del tema, no hablaba de la complejidad turística del país, sino de que debí quedarme en el hotel. Viéndolo bien yo también soy turista acá, a lo mejor debí quedarme en mi casa. Pero cuando estoy mucho en casa siento que quiero salir de ella. A lo mejor la casa no es el lugar físico sino una sensación de estar seguro. Debí quedarme en lo seguro. ¿Qué es lo seguro? La música. Es quizá lo único seguro que tengo, ni siquiera la filosofía, porque inquieta. No traje mi guitarra, me quedé sin herramientas para tramitar la ansiedad y me tocó tramitarla con Maluma en un bar que era todo menos Rock.
Culpa al bar, culpa a la ciudad, culpa al gringo, culpa a la ausencia de guitarras, pero el tema central aquí es la ansiedad. ¿Por qué tengo ansiedad? Tengo miedo de ser reemplazado, que de pronto quién me valore empiece a valorar más a otra persona por cosas que soy incapaz de hacer. ¿Ese miedo tiene historia? Sí, mucha, culpo a mi relación previa más reciente (no sin falta de razón), pero tiene una raíz mucho más profunda. Tengo un par de heridas de abandono de la infancia y otras más de la adolescencia. Y luego esa herida se ensanchó con algunas circunstancias desafortunadas. Pero sí algo he aprendido es que culpar al pasado explica los problemas pero no los soluciona.
El problema de la ansiedad es que una vez se activa controlarla se siente como una contienda, se puede, pero hay mucho desgaste en el camino. ¿Qué queda por hacer? Escribir... Cuando todo se pierde siempre queda la escritura, cómo medio combativo inagotable. Y luchar con ahínco contra las costumbres destructivas que se vinculan a la ansiedad, evitar encontrar objetivos injustos con quién desquitarse (eso me incluye). Los gringos pervertidos serían buenos objetivos, de no ser porque mi ansiedad no tiene que ver con la rabia que siento hacia ellos, solo es un plus que hace difícil tránsitar estos estados.
A lo mejor no debí quedarme en casa ¡Hace mucho no escribía! Haberme perdido de este acto creativo. No sé trata de si debí o no salir, se trata de saber cuándo y como volver. Y volver no es regresar al punto de partida, es crear nuevamente, todas las veces que sean necesarias. Me arrepiento de decir que la lucha contra la ansiedad es una contienda desgastante. Mi ansiedad se esfuma (o se esconde) cuando la traduzco en algo (más precisamente, cuando la transmuto, hacer arte es hacer alquimia).
Me alegro de no quedarme en el hotel, pero mañana no salgo.
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