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Declaración existencial y ontológica del querer y no querer. Parte 1: el yo

No escuché el deseo que subyace bajo el yo, no seguí la fuerza de su acto creador. 
Me he arrodillado ante la fuerza de lo otro, he callado a gritos que de mío connoto.
Me he visto expuesto a la brutal disonancia, de eso que rechazo y que permití a sus anchas.
No hay deseo malo, pero hay formas que lastiman, no hay deseo bueno, pero hay otras que liberan. Y ante las consecuencias del desequilibrio...Transité dolores, pero hallé respuestas. 

Si le preguntas al sufrir, puede que te dé lecciones, pero hay otros maestros con mejores estrategias. Y como en el andar me crucé con su escuela...me robé enseñanzas, pero renuncié a sus formas. De lo que aprendí, aunque por oposición, es a trazar líneas con rotundos "no". A presentarme firme ante las fuerzas destructivas, a enterrar los pies en la tierra innegociable. Una de las formas de producir identidad, es en el dicenso, la resistencia y la diferencia. Exclamar "no quiero" es afianzar un yo...  "Yo" es todo aquello que mantenga cierta forma, que persista cierto tiempo, y que se sienta como "mío"... Todo lo que tengo es en calidad de préstamo, ni siquiera el cuerpo es propiedad privada. Pero en esa ficción de límite subjetivo, le llamamos "yo" a lo que tiene, de cierta manera, cierta consistencia: a eso que se mueve como un cuerpo gaseoso, en una amalgama, flexible porque se transforma, pero unida, al menos lo suficiente, para que pueda decir, esto de aquí es "mío", aquello de allá es "tuyo". 

Este "yo" oscila entre muchas intensidades... Algunas ahogan, otras hacen levitar, algunas contraen el pecho, otras lo hacen expandir. Lo que vibra intenso no es nunca moral, no es nunca valor, es deseo puro sin clasificar. No todo lo intenso cae dentro del yo... Si que hay condiciones a la identidad, el cuerpo, el Estado, la vida social, no estamos aislados, vibramos en red. Lo que condiciona, nunca determina, si está dentro de mi posibilidad, decir "no soy esto", lo voy a enunciar. Y así como "fui" ahí en el sufrir, hoy renuncio a que otros enuncien por mí. "Lo mío", "lo otro", siempre en tensión, pero nunca más en sublevación. Y aunque no hay de facto un "yo" en lo real, sobre esa ficción me voy a elevar. 

Ya tracé fronteras por oposición, pero otro camino se extiende ante mí. No solo ante el "no" erijo este yo, también el "si quiero" es un fundador. Fuerza creativa, fuerza de esa activa, para acompañar a la reactiva: "esto quiero", "esto soy", "esto quiero ser", "esto voy a hacer para poder ser". Nuevos horizontes de identidad, nuevos átomos, nuevos puentes ante los demás, fuerzas en conjunto, ya no más impuestas, a veces "mío", a veces "tuyo", a veces "nuestro", siempre y cuando el sufrir no sea el presupuesto. "Yo" como eso que quiero y que puedo. "Yo" en la diferencia, "yo" en la creación, "yo" cómo ejercicio de liberación. No es yo que se encierra... Es yo como nube... Soy yo como nube...a veces con forma discreta, a veces mezclado con otros, a veces tormenta, a veces soy calma, a veces al viento, a veces inmóvil... 

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