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Entradas

Ana

 Estaba sola en el apartamento. Por la ventana se lograban divisar las nubes grisáceas y las gruesas gotas de lluvia que golpeaban contra el pavimento. Todas las ventanas estaban cerradas, pero al interior de las habitaciones se sentía como si la borrasca estuviera recorriendo cada rincón. Ana, pese a estar debajo de tres capas de cobijas, no podía dejar de temblar, sentía como si el agua helada que azotaba las calles estuviera circulando a través de sus venas y progresivamente permeando sus huesos. Ella se estremecía entre las cobijas, rogando a Dios que el movimiento le permitiera sentir algo de calor. Sus manos estaban entumecidas, su rostro pálido y el ritmo cardiaco cada vez era más débil. Su respiración era lenta, pero entrecortada - Señor, ¡ayúdame! ¡AYÚDAME! – suplicó entre llantos. Permaneció callada unos instantes, rezando para hallar la fortaleza para salir de su tormento - ¡Dios! ¡Tienes que ayudarme!  - Dios te ha dejado abandonada querida – dijo una voz susurra...

Inconcluso

¡Auxilio! ¡Por favor, sáqueme de aquí!  Me atraparon en este cuento inconcluso. El autor es vago, me dio vida, pero no se encargó de terminar de darle un rumbo. Estoy atrapado en esta narración y no tengo opción de salir hasta que la historia finalice ¿Cómo me puede ayudar? Por favor ayúdeme a continuar con la historia, al menos a desarrollar un poco los eventos. ¿Cuál historia? Tiene razón, debo primero narrarme para que puedan completarme. Le contaré cuál es el desarrollo que me han venido dando. Soy un profesor de matemáticas de un colegio público, aparentemente tengo el cabello corto, mido un metro setenta y me gustan vestir de camisas a cuadros. Así me introdujo el narrador en el cuento, no indicó donde vivo, cuándo nací, no ahondó demasiado en mí descripción. Detalló con mayor cuidado los sucesos que me ocurrieron: Cuenta él que salí una tarde del colegio y me dirigía a mi casa. Iba cruzando por la cebra de un semáforo y dirigí la mirada a la acera del frente. ...

Postsuicida

Había dejado la carta sobre la mesa, todo estaba listo. Abrió el frasco de veneno y lo observó con detenimiento. - ¡A la mierda! - gritó molesta - ¡Jueputa! - Estampó con ira el frasco contra la pared - ¡No! ¡No! ¡No! - agarró la carta con fuerza y la rasgó desesperada - ¡No! La sensación que invadía su cuerpo era de una profunda intensidad, parecía que su piel quería obligarla a impactar el cristal de la ventana, atravesarlo y emprender huida. Lanzó un grito hacia el techo - ¡No puede ser! ¡Todo estaba listo! ¡No puedo, no puedo, no puedo! - la muerte se alejó de nuevo de sus posibilidades. ¡No tenía otro plan! Quedó atrapada en la vida, suspendida en el fatal envoltorio del tiempo transcurriendo. El tedio empezó a escalar desde los dedos de sus manos y sus pies, y a trepar lentamente llenando cada poro que se iba tropezando en su camino. La voz rasgada no paraba de salir de su garganta. Su diafragma empujaba el aire de sus pulmones con violencia, su corazón luchaba por no astilla...

Un día cualquiera en cuarentena

Si algo he aprendido en esta pandemia, es que la condición de encierro suscita pensamientos inusuales, ideas que en el vivir cotidiano, que teníamos hace un par de semanas. no tendrían cabida alguna en mi cabeza. Podrían llamarse, pensamientos del encierro. Hoy, mirando desde los límites de mi encierro, mi ventana, ha surgido uno muy particular. Tuve la idea de que es la primera vez en mi vida, que la realidad de afuera me parece irreal. El afuera está vacío, y no solo porque no haya personas, sino porque es inhabitable, nada acontece, nada sucede. O por lo menos así lo siento. Miro desde la ventana y veo las luces encendidas de los apartamentos en la distancia. Cada una de esas cajitas iluminadas, que se ven a través del cristal, es un micro-universo. Todas nuestras realidades están suspendidas en la nada, emergen inconexas, una adyacente a la otra, pero sin tocarse, sin mezclarse. Cuántas cosas no estarán aconteciendo en cada una de esas cajas, en cada micro-universo. Cad...

Carta a la ansiedad

¡Ah! condenado sentimiento - aunque siempre te he percibido más como una sensación - qué desagradable sentirte. Nublas el juicio mientras aprietas con rabia la boca del estómago. Intranquila ansiedad que tiendes a desestabilizar hasta al más lógico de los hombres. Tus razones van en contra de la razón. Abusas del intelecto con tus ideas destructivas,  incomodas al perezoso, atentas contra su comodidad. Engendras un estado de alarma, pero no de miedo, así evitas la inacción. Pocos se movilizan tanto como los ansiosos que se dejan consumir por ti- impulsivos, intentan actuar para recuperar su paz, pero solo terminan concediendote el control. Sola eres acción sin rumbo, quien te sigue sin cuestionarte resulta corriendo a ciegas. Qué desagradable sentirte, nublas el juicio mientras aprietas con rabia la boca del estómago. Te has manifestado en toda una generación en las ciudades, tienes tantos medios para desencadenarte en este ritmo desenfrenado en el que se mueve ahora el mun...

Resolución

-Señor...¿tiene permiso para cargar esa pistola? - dijo el policía con desconfianza. - No, no lo tengo. - ¿Usted sabe que eso es porte ilegal de armas no? - Si, oficial - respondí sintiendo como la ira se iba acumulando en mi diafragma - Por favor entregueme el arma y me temo que va a tener que acompañarme. - No puedo hacer eso oficial. -¿Disculpe? - No puedo hacer lo que me dijo y le ruego que por favor me deje en paz - el hombre frunció el ceño - Señor, es que no fue una sugerencia, yo soy la autoridad y le estoy dando una orden. No me haga hacerla cumplir por las malas. - oficial, usted no entiende, no le puedo entregar esta arma - apreté los dientes intentando mantener la calma - por el bien de todos oficial, déjeme en paz - El policía me dirigió una mirada de enfado, desenfundó su revolver y apuntó a mi cabeza - Deme...el...arma - Alcé la mirada sumamente irritado - ¡Jueputa! - tom...

Escrito incoherente

Hola, no tengo idea de lo que quiero escribir. Este es uno de estos textos que no están premeditados, de aquellos que solo se hacen por la acción misma de escribir. ¿Será que siempre es necesario tener un tema para realizar este ejercicio? Llevo varios días intentando escribir sobre diferentes temas en el blog. Desde el bien y el mal, la apatía, el sexo, diversas entradas sin futuro han dado su breve visita detrás del telón. Pero ahí se quedaron, en borradores, en esfuerzos en vano de comunicar un mensaje. Y si, tengo mucho de qué hablar respecto a los temas mencionados, pero poco que escribir. La razón es simple, los he abordado tanto, que terminé por quitarles la magia. Los normalicé, los volví vacuos. Esa es la desventaja del discurso, de las ideas consolidadas, no llevan a pensar, no interpelan. Escribir ayuda a aterrizar ideas en bruto, puesto que fuerza a la mente a organizar el caos que se desenvuelve en la ca...